El abuso de las personas de la tercera edad adopta muchas formas diferentes, que en nuestro idioma pueden presentar las siguiente modalidades:

 

Malos tratos

 

Hablamos de maltrato al referirnos a las acciones directas, únicas o repetidas, que causan sufrimiento físico o psíquico a una persona mayor.

 

El maltrato físico comprende el daño corporal, las acciones que causan dolor o el deterioro físico que se produce por medio de la fuerza o de la violencia no accidental. Lo anterior incluye los empujones, golpes o lesiones específicas, restricciones físicas para evitar la movilidad, alimentación por la fuerza, o uso inapropiado de medicamentos.

 

El maltrato psíquico incluye las conductas que provocan de forma intencionada miedo, angustia, tristeza, sentimiento de indignidad e inferioridad, o estrés. Se ejerce utilizando las relaciones emocionales e interpersonales y se manifiesta con voces, insultos, intimidación, amenazas de daño o abandono, humillaciones, infantilización, insatisfacción de deseos o gustos de la persona, o retirada de servicios o de la red de apoyo.

 

 

Negligencia

La negligencia es un acto de omisión, descuido o falta de cuidados esenciales para cubrir las necesidades de una persona mayor, de modo que se evite el daño físico o psíquico. Para que exista negligencia tiene que existir un cierto grado de dependencia del mayor en algún aspecto, que le haga incapaz de proveer por sí mismo la respuesta a esa dependencia. 

La negligencia adopta formas muy variadas. Una persona mayor en buena situación general puede precisar de asesoramiento y apoyo específico para determinadas necesidades (burocráticas, acudir al médico, etc).

 

Abuso

 

El abuso es una circunstancia en la que una persona se aprovecha de una situación de minusvalía de la víctima o de su incapacidad para defenderse frente al agresor. Se produce, igual que la negligencia, desde una situación de desigualdad en la relación entre víctima y agresor.

Existen diferentes tipos de abuso:

 

 

El abuso económico o financiero consiste en el uso no autorizado de fondos, propiedades o recursos de la persona mayor, aprovechando su incapacidad de apreciar el valor exacto de las cosas o de cuidar sus propios asuntos financieros. Puede ir desde adueñarse de los ingresos mensuales hasta hacerle suscribir documentos (poderes, contratos, donaciones, testamentos) de gran trascendencia.

 

 

 
 

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